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INSEGURIDAD 3
Publicación 94--- INSEGURIDAD 3…. MÁS SOBRE INSEGURIDAD K …2010 HASTA 2011
Compilaciones de Ricardo Sureda, de su archivo personal.
Envío del compilador.
Tensión en el oficialismo K 2010
Kirchner retó a Scioli en público por la inseguridad. "Le pido que diga quién le ata las manos", dijo en un acto político. LN viernes 10 de setiembre de 2010.
Néstor Kirchner sorprendió a todos. Cuando todos esperaban que hablara de política partidaria dijo que "no pasan a la historia los que especulan" y anunció que iba a hablar de la inseguridad. Entonces se dio vuelta, levantó la voz y le habló directamente a Daniel Scioli. "Le pido al gobernador que diga quién le ata las manos para no solucionar la inseguridad en la provincia. Estamos dispuestos a ayudarlo. Pero hay que hablar con nombre y apellido para que no haya malentendidos", agregó. Scioli, en silencio sobre el escenario, trató de contener una inocultable mueca de incomodidad. Eran las 18.55 de ayer, en el acto de lanzamiento de una agrupación de intendentes peronistas, en La Boca , cuando el ex presidente arrancó con un inesperado y duro discurso, centrado en reprender en público al gobernador, pedirle que no tuviera "miedo" y exigirle que "hable con claridad" sobre "el problema de la inseguridad" en la provincia de Buenos Aires. La semana pasada, Juan Ignacio Buzali, el esposo de Carolina Piparo, la mujer embarazada baleada en una salidera bancaria en La Plata , había dicho que Scioli le confesó que tenía "las manos atadas". Una frase que causó especial revuelo y que el gobernador nunca desmintió. Ayer, el jefe del PJ lo desafió en público. Al comienzo y al final del discurso en el galpón de La Boca , después de criticar también a la Justicia , a las fuerzas policiales y a los medios. "Estamos cansados de que no nos digan la verdad o que la digan a medias", le dijo al gobernador, ante legisladores e intendentes que se miraban con inocultable sorpresa. En el encuentro de anoche nadie esperaba que Kirchner hablara de la inseguridad en la principal provincia del país y que cuestionara a Scioli. "Ninguno pensó que iba a decir una cosa así en público", confesó ante uno de los principales organizadores del acto, en donde un grupo de jefes comunales del conurbano lanzó un frente nacional para competir en 2011. Pero los habitués de las tertulias políticas de Kirchner en Olivos se lo veían venir. Hace varias semanas que el ex presidente cuestiona con ganas al gobernador, en la intimidad de la quinta presidencial. Suele decir que "no hace política" y que "no defiende las políticas del Gobierno". Más de una vez se quejó de su "tibieza" para hablar de la ley de medios y de su defensa débil del matrimonio gay. Renuente a que Scioli mida mejor en los sondeos y obsesionado por mantener el control territorial, Kirchner no sólo instruyó a los ministros nacionales para que hagan campaña bonaerense y condicionen su crecimiento: ahora también ordena que hagan saber de sus molestias personales. "Lo de ayer fue la primera advertencia pública, un ultimátum. Y también un acto de disciplina miento-interno", dijo una fuente de la Casa Rosada , que conoce los vericuetos bonaerenses. En el Gobierno, además, ayer admitían que quieren forzar al gobernador a que explique, expresamente, quién le ató las manos. "Si no habla, pareciera que el Gobierno es quien lo condiciona", dijo la misma fuente.
Tono desafiante: Anoche, en La Boca , Kirchner se mostró desafiante desde el comienzo. Interrumpió los vítores iniciales: "No sé si me van a aplaudir cuando termine de hablar, así que apláudanme ahora". Cuando los gritos se aplacaron empezó el enojo. Primero fue contra Scioli. Después contra la policía. "Es hora de clarificar los cuerpos policiales", exigió. Más adelante criticó a la oposición, a la que acusó de intentar "sacar rédito político con el dolor" y de tener un "discurso simplista". Les apuntó al diputado Francisco de Narváez y al jefe de gobierno, Mauricio Macri. Repitió sus críticas contra el Grupo Clarín y contra Papel Prensa. Y cuestionó duramente a la Justicia , a la que acusó de hacer "falso garantismo", con el cual "los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra". Se interesó, incluso, en defender el proyecto de la CGT para participar en las ganancias de las empresas y criticó a los empresarios (ver en Economía). Pero al final volvió a su principal interés: cuestionar a Scioli. "No tenga miedo y diga que hay que solucionar el problema de la Justicia ", insistió. Volvió a quejarse más adelante, ya sin nombres propios: "No se puede especular, rodearse de asesores de imagen. Hay que volver a la sinceridad de las convicciones. Hay que decir la verdad". El gobernador escuchaba serio, en silencio, inocultablemente incómodo. Cuando el discurso ya había terminado, hubo entre Scioli y Kirchner un diálogo breve y vehemente sobre el escenario. Después el gobernador se escabulló entre los presentes. Kirchner, en cambio, se bajó y saludó sonriente, uno por uno, a los militantes que lo esperaban contra las vallas. Entre ellos paseaba Artemio López, el encuestador favorito del Gobierno, que minutos después subió a su blog estadísticas para sostener los dichos de Kirchner. Publicó que para el 85,5% de los bonaerenses el principal problema es la inseguridad. Los funcionarios bonaerenses, mientras tanto, se llamaban de apuro para ver qué hacer. Al final decidieron apagar todos los teléfonos. Kirchner seguía saludando. Al rato se le acercó un legislador sorprendido. "Fuiste más duro que Perón contra Bidegain [Oscar]", le dijo y le recordó la reprimenda histórica del líder justicialista al entonces gobernador bonaerense, en 1974, que lo obligó a renunciar. Kirchner, contento, sólo sonrió.
KIRCHNER SIN FILTRO Contra la Justicia. "La Justicia no sólo retarda, sino que en el propio retardo permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra. Hay falso garantismo. Ser garantistas es garantizar el derecho a defensa".
Contra De Narváez: "Esos dirigentes se acomodan con cada hecho de inseguridad. Quieren sacar rédito político del dolor. Recorrían la provincia diciendo: «tengo un plan». Si les preocupa tanto, por qué no traen el plan a ver si lo aplicamos".
Contra Macri: "Es fácil echarles la culpa a otros. Ante cada conflicto hay que estar al frente, no puede irse de viaje. Que no descuide la educación pública, que arregle los edificios. A los pibes que protestan no los maneja nadie. Ese es el cuento de siempre".
El Gobierno no sabe qué hacer con la inseguridad.
La reprimenda pública de Néstor Kirchner a Daniel Scioli por no decir quién "le ata las manos para solucionar la inseguridad en la provincia" será interpretada de muchos modos. Para algunos es un gesto dirigido a que Hugo Moyano lo interprete como un guiño cómplice a sus aspiraciones de liderar la provincia. Otros tendrán derecho a creer que, en rigor, es una señal positiva hacia todos los potenciales postulantes a gobernador que puedan pulular en el oficialismo. Más allá de esas conjeturas, hay algo seguro: al ex presidente de la Nación le encanta mostrar con cierta frecuencia que sigue siendo él quien manda, quien marca la agenda y quien fija las reglas del juego. Aunque haga aparecer a Scioli como algo menos que un simple empleado. Hay también otra cuestión central: en el gobierno nacional se ha empezado a advertir que el problema de la inseguridad le está restando aceleradamente apoyos al oficialismo. Sin embargo, el Poder Ejecutivo Nacional aún no sale de la confusión frente a este desafío. Anoche Kirchner bajó alguna línea al dirigirse al mandatario bonaerense: "No tenga miedo, gobernador Scioli, porque usted nunca lo tuvo. Dígalo: hay que solucionar el problema de la Justicia. Todavía nuestra Justicia genera acciones que permiten que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra". Según dejaron trascender allegados a Scioli, cuando el gobernador se refirió a su supuesta atadura de manos durante su conversación con el marido de Carolina Piparo, pretendió representar con una metáfora que desde el Ejecutivo provincial no puede interferir sobre los otros poderes, especialmente sobre el Judicial. "Siempre he sido respetuoso de los poderes constitucionales. No es mi estilo avasallar a los otros poderes", habría repetido una y otra vez Scioli ante sus hombres de confianza. De esa manera, el gobernador bonaerense estaría marcando una fuerte diferencia de estilo con Kirchner. Al ex presidente le gustaría que Scioli fuese más enfático al responsabilizar a la Justicia por muchos de los problemas de inseguridad que atraviesa su distrito. El mandatario provincial descree de esa estrategia, al igual que de un estilo con el cual se pretende conducir a los argentinos al paraíso, aunque a las patadas. En su reto a Scioli, a Kirchner sólo le faltó agregar una de sus sentencias favoritas: que la política no es para los tibios. Todas las encuestas indican, sin embargo, que la ciudadanía prefiere mayoritariamente el estilo conciliador y dialoguista sobre el confrontativo. El mensaje de Kirchner al gobernador fue contundente: o se obedece ciegamente o puede perder su apoyo para la reelección en la provincia. Pero el mensaje del oficialismo ante la inseguridad de la población no es tan contundente y, por el contrario, es bastante confuso. El más fiel ejemplo es el contrapunto que ayer protagonizaron Aníbal Fernández, quien cuestionó el proyecto sobre salideras bancarias aprobado por unanimidad en la Cámara de Diputados, y el ministro Florencio Randazzo, para quien esa iniciativa era "bienvenida".
Salideras: graves diferencias en el Gobierno K en materia de seguridad Aníbal Fernández dijo que es "horrible" la norma aprobada por Diputados, pero Randazzo y Scioli la apoyaron. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, consideró ayer como "horrible" el proyecto de ley aprobado en la Cámara de Diputados que procura establecer medidas para evitar las salideras bancarias. Sin embargo, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, apoyaron la iniciativa, que fue girada anteanoche al Senado. El proyecto impulsa la instalación de inhibidores de señales de celulares en el interior de los bancos y la colocación de barreras visuales y auditivas para proteger la privacidad de los clientes cuando realizan operaciones en las cajas. "Si (el proyecto) contribuye a entorpecer las dificultades de aquellos que intentan delinquir en los bancos, bienvenido sea. La intención de los legisladores con una ley que se ha votado por unanimidad ha sido dificultar las posibilidades que tengan los delincuentes para una operatoria, como es la salidera bancaria, que ha traído tantos dolores de cabeza", señaló Randazzo a radio La Red. Scioli , por su parte, celebró la votación en la Cámara de Diputados de la Nación al afirmar que se trata de un proyecto que reclamaba hace tiempo. En cambio, Fernández afirmó que la oposición "sólo tiene la vocación politiquera de creer que la sociedad es tonta y que pueden venderle cositas de colores pensando que con eso se resuelven los temas", según consignó la agencia Télam. Además, consideró que "lo que dicen es cháchara" y, en lo que hace a las salideras bancarias, constituye una fuerte subestimación sobre las fuerzas de seguridad. "La situación que se describe es terriblemente incorrecta, propia de quienes no saben nada. Quieren aparecer ante la sociedad como que están preocupados por las salideras, pero cuentan un cuento de hadas porque no conocen lo que se está haciendo", opinó Fernández. Así lo señaló en declaraciones formuladas a la radio FM Milenium, en las que consignó que, desde 2005, el gobierno nacional viene trabajando con este tema y "se fueron corrigiendo muchas cosas que no se hicieron públicas porque flaco favor -dijo- se hace cuando a este tipo de decisiones uno las va anunciando públicamente". También cuestionó Fernández a las diputadas de la Coalición Cívica Elisa Carrió y Patricia Bullrich, y al legislador de Unión-Pro Francisco de Narváez, quienes en el debate en el recinto de la Cámara baja habían lanzado críticas contra el gobierno nacional y, puntualmente, contra el jefe de Gabinete. "Patricia Bullrich ha sido una pésima funcionaria en cada lugar que ha estado y no ha pegado una en toda su vida", aseveró el jefe de ministros, quien, a la vez, se refirió a Carrió como una "colaboracionista con los gobiernos militares en los peores momentos, como la Masacre de Margarita Belén". En tanto, sobre Francisco de Narváez, afirmó que "no entiende nada y revolea lo que le cuentan", y consideró que "la agenda social ya no puede soportar más las mentiras de señores que ni saben de qué están hablando". Bullrich contestó con un comunicado: "Cuando la oposición toma decisiones correctas para la sociedad, el Gobierno inmediatamente intenta minimizarlas, mientras los argentinos están en una situación de indefensión y sufren la inseguridad todos los días". Y agregó: "Aquí lo único horrible es la política de seguridad del Gobierno: la que llevó Aníbal Fernández cuando era ministro de Justicia y Seguridad y la que lleva el ministro Julio Alak, que son políticas de mantener el status quo".
Se denuncian por día 24 salideras bancarias en nuestro país: Un matrimonio fue asaltado por tres ladrones, en moto, que le robaron los 50.000 pesos que había retirado de un banco en Floresta. Esta pareja fue víctima de una de las 24 salideras bancarias que se denuncian por día en nuestro país. Este nuevo episodio ocurrió ayer y confirmó que las salideras bancarias y la problemática de los ladrones en moto no pueden afrontarse por separado, sino, por el contrario, se trata de cuestiones que están íntimamente relacionadas. Según informaron fuentes policiales, el violento episodio ocurrió ayer, minutos después de las 14, cuando un hombre salió de la sucursal del Banco Nación situada en la esquina de la avenida Rivadavia y Belén con 50.000 pesos. El cliente se retiró del banco, abordó su automóvil y fue hasta su casa, situada en José Bonifacio y Mariano Acosta, a ocho cuadras de dicha sucursal. Al llegar a la puerta de su casa, el hombre le pasó el dinero a su esposa. En ese momento, la pareja fue sorprendida por tres ladrones que llegaron al lugar a bordo de una moto. Dos de los ladrones golpearon a la mujer y le quitaron el bolso donde había guardado la mayor parte de los 50.000 pesos que retiró del banco. El asalto fue observado por un policía de la seccional 38a. que había terminado de prestar servicio y que pasaba por el lugar a bordo de su automóvil. Sin dar la voz de alto, el uniformado siguió de cerca a la moto con los tres ladrones y avisó por teléfono a sus compañeros de las comisarías 38a. y 40a., que de inmediato iniciaron un operativo cerrojo. En la esquina de José Bonifacio y Lacarra, el policía de civil vio que uno de los ladrones se bajaba de la moto y decidió descender de su auto y atraparlo, mientras que los otros dos cómplices lograron huir. Según fuentes policiales, el sospechoso tenía encima el bolso que le había quitado a la víctima, con los 50.000 pesos que le habían robado al matrimonio. "Tres hombres a bordo de una moto constituyen una señal inequívoca de que van a asaltar a alguien. Uno de ellos maneja la moto, mientras los otros dos, también conocidos como gatilleros, se encargan de reducir al que lleva el dinero", dijo un jefe policial, 24 horas después de que tres ladrones en moto asaltaran y mataran a dos empleados de una distribuidora de cigarrillos, en Palermo, el 30 de marzo pasado. Federico Hausbauer y Miguel Leiva llevaban dinero para depositar en un banco de Corrientes al 5100 y fueron sorprendidos por dos ladrones, que se bajaron de una moto y los balearon antes de que pudieran sacar sus armas. El doble homicidio ocurrió muy lejos del área delimitada por la ley que sancionó anteayer la Legislatura porteña para prevenir los asaltos cometidos por ladrones en moto. Dicha norma, cabe recordar, prohibió que circulen motos con dos personas a bordo por el micro-centro entre las 10 y las 16, pero la mayoría de los episodios trágicos vinculados con esa modalidad delictiva ocurrieron fuera de esa zona.
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La inseguridad K al 2010
Conmoción: secuestran y matan a un adolescente. Tenía 17 años y había ido a bailar; fue encontrado en Campana. LN jueves 30 de setiembre de 2010.
Matías Berardi, de 17 años, salió el lunes a la noche de su casa en Ingeniero Maschwitz para ir a una fiesta de egresados en un boliche de la Costanera Norte. Nunca volvió. Anteayer, a las 5, cuando se bajó de la combi en la que volvía de la disco Pachá, fue secuestrado por al menos dos delincuentes que finalmente lo mataron de un balazo a quemarropa por la espalda. El cuerpo del joven estudiante secundario fue encontrado ayer, minutos después de las 16.30, en un terreno baldío de Campana. Su padre, un veterinario que se desempeña en haras dedicados a la crianza de caballos de carrera, había reunido anteanoche el dinero para pagar el rescate (6000 pesos), pero los secuestradores cortaron las negociaciones. Es el octavo caso en el que, desde 2002, la víctima de un secuestro termina asesinada. A partir de la reconstrucción de los hechos realizada por los investigadores, se estableció que Matías había salido de su casa junto con un grupo de amigos para ir a la disco Pachá. Lo habían invitado a la fiesta de egresados del Colegio Santa Inés, de la ciudad de San Isidro. De regreso a su casa, Matías y sus ex compañeros del colegio de Pilar al que concurría hasta el año pasado abordaron una combi que habían contratado. Matías se bajó en el cruce del ramal Pilar de la Panamericana y de la ruta 26, cerca de una estación de servicio. De allí, tomaría un colectivo hasta su casa, en la ciudad de Ingeniero Maschwitz, en Escobar, donde vive con su padre, identificado como Juan Berardi, y su madre, docente. Según fuentes de la investigación, a las 6, unos cincuenta minutos después de que sus amigos lo dejaran en la Panamericana , su padre recibió un llamado telefónico, desde el celular de Matías en el que un delincuente le dijo que tenía secuestrado a su hijo. Entonces, el padre de Matías le pidió al secuestrador que lo dejara hablar con su hijo. En ese momento, Berardi escuchó a su hijo, quien, entre llantos, le confirmó que lo tenían secuestrado. Luego, el malviviente le quitó el celular a Matías y le exigió a su padre un rescate de 500 pesos para liberar al adolescente. Aparentemente, los secuestradores advirtieron que los padres de Matías eran profesionales y que tenían una buena posición económica y decidieron pedir una mayor suma de dinero como rescate. Durante el martes, los secuestradores hicieron tres llamadas más. Aunque en ninguna de esas tres nuevas comunicaciones aportaron una prueba de vida, tal como habían hecho en la primera llamada. Fuentes de la investigación indicaron que la última llamada realizada por los secuestradores fue anteanoche. En esa comunicación, exigieron al padre de Matías que reuniera 6000 pesos. Además, le dijeron que lo volverían a llamar para indicarle el lugar al que debía llevar el dinero. Sin embargo, los secuestradores nunca más se comunicaron. Para entonces, los padres de Matías Berardi habían realizado la denuncia policial, que derivó en la intervención del fiscal federal de Campana, Orlando Bosca. El fiscal solicitó el monitoreo de los tres teléfonos de la familia y además, ordenó a los policías del gabinete antisecuestros de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) Zárate-Campana que contuviera a la familia a la espera de más llamadas extorsivas de los secuestradores y de una nueva prueba de vida. Juan Berardi volvió a tener noticias de su hijo ayer por la tarde. La policía le avisó del hallazgo de un cuerpo, en un terreno baldío situado a pocos metros de la ruta 6, en el barrio Las Acacias, en Campana. Un balazo. "Presentaba un solo impacto de bala, a quemarropa, casi a riesgo de decir le dispararon con el arma sobre el cuerpo", dijo el ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, quien viajó a Campana junto con el jefe de la policía provincial, comisario general Juan Paggi. Según la autopsia, los secuestradores obligaron a Matías a ponerse de rodillas. Luego el homicida le apoyó el arma en la espalda y le disparó. Hasta anoche, los investigadores no habían logrado determinar por qué los secuestradores mataron a Matías. A partir de la trayectoria del disparo, que fue de arriba hacia abajo, se estableció que el joven estudiante no había intentado escapar. Al cierre de esta edición los investigadores buscaban imágenes de los sospechosos en las cámaras de seguridad de los negocios instalados en la zona donde Matías fue visto con vida por última vez.
ANTECEDENTES
5 de julio de 2002. Diego Peralta. Tenía 17 años y lo secuestraron cuando iba en un remise al colegio, en El Jagüel, en Esteban Echeverría. Exigían 200.000 dólares de rescate. Lo asesinaron a puñaladas al tercer día de cautiverio, en una tosquera de Ezpeleta.
13 de julio de 2002. Juan Manuel Canillas. El joven de 23 años apareció muerto de un tiro en la espalda en la localidad de Florida. Lo mantuvieron cautivo en su automóvil mientras se comunicaban con su familia.
17 de marzo de 2004- Axel Blumberg tenía 23 años. Lo capturaron en Martínez. Los secuestradores exigieron 50.000 pesos. Lo ultimaron cuando el joven estudiante intentó escapar.
13 de julio de 2005. Santiago Miralles tenía 6 años y fue secuestrado cuando jugaba en la vereda de su casa en Canning, Esteban Echeverría. Primero exigieron $ 200.000 para liberarlo. Su cuerpo apareció 3 días después, en un pozo ciego.
Indagan a los detenidos por el asesinato de Matías Berardi: Los cinco apresados por el crimen del joven de 17 años están acusados de "secuestro extorsivo seguido de muerte"; son cuatro integrantes de una familia y un hombre de 70 años. Los cinco detenidos por el secuestro y crimen de Matías Berardi, cuyo cadáver fue encontrado la tarde del miércoles junto a una ruta en Campana, comenzarán a ser indagados hoy, informaron fuentes judiciales. Se trata de un herrero, de nacionalidad uruguaya y con antecedentes penales, su esposa y sus hijas de 17 y 18 años, como así también un hombre de 70 años, llamado Santiago García, quien estaba a bordo de un auto que había sido visto en el lugar donde se presume ocurrió el cautiverio del muchacho. Los investigadores creen que el muchacho estuvo cautivo durante casi un día en la casa que pertenecía a la familia del herrero, en la localidad de Benavídez. Fuentes judiciales confirmaron que los detenidos están acusados del delito de "secuestro extorsivo seguido de muerte" y serán indagados por el fiscal federal de Campana Orlando Bosco y el juez federal Adrián González Charvay. Por el hecho se encuentran prófugos dos hermanos sindicados como los autores materiales del homicidio de Matías. La principal sospecha es que el crimen de Matías pudo haberse producido porque reconoció, al querer fugarse, a sus captores y al lugar de cautiverio. Es que varios testigos declararon a la prensa y luego ante el fiscal Bosca que vieron que un joven con las características de Matías salía corriendo del galpón y, luego, era recapturado por hombres que lo siguieron en un auto. En tanto, los familiares y amigos del joven asesinado realizarán hoy a las 17 una manifestación en la plaza de Ingeniero Maschwitz en reclamo del esclarecimiento del hecho. Matías fue capturado cerca de las 5.30 de la madrugada del martes en Panamericana y ruta 26, en Ingeniero Maschwitz, cuando se bajó de una combi en la que regresaba a su casa tras ir a bailar con amigos en la disco Pachá de la Costanera porteña. Cerca de las 6.20 se produjo la primera llamada extorsiva en la que uno de los secuestradores le exigió rescate a la madre de Matías, mientras la mujer, que es maestra jardinera, escuchaba detrás el llanto de su hijo. El miércoles por la tarde la Policía fue alertada del hallazgo de un cadáver a la vera de la ruta 6, que luego se comprobó que era el de Matías.
La madre del joven asesinado en Campana acusó a los investigadores: "Los medios llegaron al lugar del hecho antes que el fiscal". El joven de 16 años fue secuestrado cuando volvía de una fiesta. Estuvo cautivo en un taller, vigilado por al menos cuatro personas. Intentó escapar. Pero su desesperada carrera no duró mucho: a las pocas cuadras sus captores lo volvieron a agarrar. Matías Berardi apareció muerto en un descampado de Campana, con un tiro en la espalda. Su madre, luego de varios días de inmenso dolor, pide que el crimen de su hijo "sirva para algo". Conmovida, María Inés, la mamá del adolescente de 16 años dijo: "Me enteré de la muerte de mi hijo por televisión". "Los medios llegaron antes que el fiscal al lugar del hecho, pudiendo borrar huellas. No puede ser que nadie haya llamado al 911", cuestionó en declaraciones a Radio Continental. Y añadió: "Como sociedad, la muerte de mi hijo tiene que servir para algo. Tenemos que ser solidarios y no quedarnos encerrados". La mujer señaló que para poder seguir adelante necesita que las autoridades reconozcan sus errores, porque el costo de esos errores "se cobraron la vida de Matías". "No sentimos que había en la policía un equipo profesional manejando el tema. Ellos decían que tenían experiencia. En un caso de secuestro no se puede sugerir. Hay que tomar decisiones concretas. Precisábamos de esas herramientas y de una autoridad definida", cuestionó.
Preventiva para ocho detenidos por la muerte de Matías Berardi: La resolución recayó sobre el herrero Richard Souto, su esposa Ana Moyano, las hijas Jennifer y Jessica Moyano, y su cuñada Celeste Moyano, los hermanos Néstor y Federico Medina Calveira y Elián Vivas. Es por el secuestro y asesinato del joven de 16 años en Campana. El juez federal subrogante Adrián González Charvay dictó hoy la prisión preventiva para ocho de los diez detenidos por el crimen y secuestro de Matías Berardi, ocurrido el 29 de septiembre pasado. Fuentes judiciales señalaron que las resoluciones recayeron sobre el herrero uruguayo Richard Souto, su esposa Ana Moyano, sus hijas Jennifer y Jessica Moyano, su cuñada Celeste Moyano, los hermanos Néstor -presunto autor material del asesinato- y Federico Medina Calveira, y Elián Vivas. Todos ellos forman parte de la banda que mató al joven de 16 años en Campana. Se dictó falta de mérito y liberación para Santiago García, que era ex socio del herrero, y Miguel Moyano, quien es suegro de Souto y había sido acusado de encubrimiento por esconder a uno de los sospechosos. Fuente: Infobae, 15 de Octubre de 2010.
ORACIÓN DE UNA MADRE POR EL AMIGO DEL HIJO
Matías Berardi, amigo de mi hijo Rodrigo, 17 años, estudiante, deportista, buen amigo, secuestrado y asesinado por la “sensación” de inseguridad y la droga de Aníbal Fernández; la complicidad de Néstor Kirchner; la deficiencia mental de Cristina Kirchner; la invisibilidad de Julio Alak y las “manos atadas” de Daniel Scioli. Como no era drogadicto, homosexual, travesti o lesbiana, no se van a ocupar de él los organismos de Derechos Humanos ni la inefable Hebe; como era rubio y de tez blanca, no se va a ocupar el INADI; como estudiaba y era buena persona, no se van a ocupar los organismos que “protegen” los derechos de los estudiantes; como no era “militante popular” no se van a ocupar las Organizaciones Sociales ni los Nobeles de la Paz ; como no recibía planes y su padre es un profesional no se va a ocupar la CGT. Que descanses en PAZ.
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Cosecha de sangre desde el poder
Álvaro Abos. LN viernes 22 de octubre de 2010.
A lo largo de siete años, los Kirchner pronunciaron cientos de discursos incendiarios atacando a diestro y siniestro a partidos, instituciones, sectores o personas que ellos consideraban sus rivales. Siempre en tono belicoso. Crisparon al país fomentando antagonismos. Ahora que hay un muerto, se preguntan quién es el autor intelectual de la violencia. ¿Es necesario pronunciar los nombres de dichos autores? La forma en que los Kirchner han practicado la política -un duelo, una batalla siempre absoluta- sólo lleva a estas encrucijadas. Quien siembra vientos, dice la Biblia. Primero , los enemigos de los Kirchner fueron los productores agrarios, luego, en general, todos los hombres del campo, tanto estancieros como peones; después, las clases medias urbanas, que desde hace tiempo no los votan; después, la oposición en general; después, los editores y periodistas; más tarde, los jueces. Así, el kirchnerismo quedó reducido a lo que es hoy: un partido de Estado. Un esqueleto de funcionarios, regado con los recursos del presupuesto, pero cuyo vínculo con la sociedad es cada vez más tenue. El Gobierno ha diluido al Parlamento hasta hacerlo prácticamente inexistente. Negando el quórum y mediante otras chicanas reglamentarias en las cuales son maestros algunos legisladores del kirchnerismo, la vida política argentina parece haberse olvidado del Congreso. Fue un diseño deliberado: la política para los Kirchner existe en los discursos de la Presidenta , a razón de uno o dos por día, y en la reiteración incesante de esta jerga, a través de múltiples reprogramaciones. Y la política, para el Gobierno, se hace en la calle. Para conservar la calle, el Gobierno confiaba en la CGT. Pero la calle es peligrosa. La alianza del kirchnerismo con la CGT de Hugo Moyano ilustra el oportunismo oficial. En 2003, los Kirchner celebraban la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), fundada en 1991 por Germán Abdala, como un ejemplo de renovación y democracia sindical. Le prometían pronta personería gremial, único pasaporte para que una central pueda actuar en la vida sindical. Esa promesa nunca se cumplió. Entre Víctor De Gennaro y Moyano, el Gobierno prefirió a éste, sin importarle que la CGT de Moyano nunca hubiera hecho el menor gesto para democratizarse. Hace pocos días, 200.000 afiliados a la CTA votaron sus autoridades sin que se produjeran incidentes. No fue fácil. La vida sindical no es un lecho de rosas. Sin embargo, esta confederación, cuyos afiliados tienen que inscribirse y pagar la cuota, renovó su conducción, por lo que se oxigenó. Hoy, sus dirigentes históricos pueden mostrar la coherencia de su opción por la autonomía sindical. Por el contrario, ¿cuánto hace que la CGT no da una señal de apertura democrática? La central de Moyano ha dilapidado el capital social del sindicalismo argentino. Su alianza de corto vuelo con el Gobierno realimenta la sospecha de oscuros pactos por la repartija de cargos. Su seguidismo del poder coloca a los trabajadores en la posición de eternos mendigos del Estado. Moyano, que pocas horas antes de los acontecimientos de Barracas era endiosado por el kirchnerismo como su salvador, ha mostrado su verdadera faz. Bastó el terrible episodio de Barracas, con su secuela de muerte, para que surgiera a la luz lo que la CGT escondía bajo la alfombra deslumbrante: bolsones de gansterismo, violencia asesina, patotas impunes. Los medios de comunicación lo muestran todo. Al calor del clima de confrontación y riña que los Kirchner arrojan día tras día al país, de nuevo la sangre mancha la calle. Es hipócrita que ahora pretendan lavarse las manos.
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Asalto y muerte en Avellaneda
Matan a un docente para robarle el auto. Horas después del ataque, refuerzos de la policía bonaerense se apostaron en la comisaría de Glew. LN martes 28 de diciembre de 2010.
De la mano: Al llegar a la casa de su abuela, los hermanos no encontraron a nadie. La abuela, que ya sabía lo que había sucedido con su yerno, había ido a contener a su hija. Fue entonces que unos vecinos reconocieron a los chicos y llamaron a la madre. "Lo primero que me preguntaron fue por el padre. Me dijeron: «Mamá, le dispararon a papá»", relató Laura Ramírez, consternada, en declaraciones a la prensa. Ella no llegó a ver a su marido con vida. Sobre el hecho, la hermana de Moleta dio precisiones sobre el momento crucial del crimen: "Les dijo a los delincuentes: «Muchachos, ¿qué pasa?», a lo que recibió como respuesta: «Subite al coche que te quemamos». «Llevalo al coche», les dijo mi hermano, pero [los asaltantes] le arrancaron la llave y le dispararon". "Nadie nos protege. Esa sensación es tristísima: destruyeron la familia, como tantas otras que se destruyen todos los días y que nadie presta atención", sostuvo la mujer. Moleta había cumplido 54 años el viernes pasado. Tenía cinco hijos (dos de un matrimonio anterior) y tres con Laura: los dos chicos secuestrados y una beba de cuatro meses. Era docente de música en tres escuelas de Avellaneda y durante el último año había redescubierto la militancia. Decidió participar activamente en el gremio al que estaba afiliado, la Unión Docentes de la Provincia de Buenos Aires (Udocba), en la que había sido elegido vocal en la filial que el sindicato posee en Avellaneda. "La verdad es que estamos todos muy conmocionados. La noticia nos sacudió, ya que tanto Moleta como su mujer son excelentes personas y maestros. El siempre estaba al servicio del otro, enseñando o ayudando. Nosotros lo cargábamos y cuando ingresó al gremio, le dimos el bombo para que tocara, ya que se negaba a tocar la guitarra después de las reuniones gremiales. Es una pena que haya muerto así", dijo el secretario general de Udocba, Miguel Díaz. Anoche, los restos de Moleta eran velados en una casa de sepelios de Wilde. Su cuñado, Germán Ramírez, se lamentó por la reiteración de este tipo de hechos. "Ni la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ni el gobernador [Daniel] Scioli, ni Aníbal Fernández [jefe de Gabinete nacional] se atreverían a sentarse frente a mí para decirme qué pasó. Las explicaciones ya las conozco. Conozco los argumentos que van a esgrimir porque los escuché cuando participé el año pasado de las marchas por el crimen de la maestra [Renata] Toscano, en Wilde [en agosto de 2009, en otro intento de robo de auto]. Ahora qué nos van a decir. No se atreven, y mientras tanto siguen pasando este tipo de tragedias sin que nadie nos ayude", concluyó Ramírez.
NORBERTO MOLETA: Asesinado en un robo: Profesión: profesor de música. Edad: 54 años. Fue muerto de un tiro en el tórax en la puerta de la casa de su madre, en Sarandí, partido de Avellaneda, el domingo por la noche. Le dispararon dos asaltantes que escaparon del lugar con el vehículo y con los dos hijos de la víctima en el asiento de atrás. Los chicos (el mayor, de 10 años, y el otro, autista, de 7) fueron liberados en Wilde. El vehículo fue abandonado frente a la villa Itatí, en Bernal, partido de Quilmes.
Inseguridad. Crece la osadía de los delincuentes Coparon una comisaría y liberaron a 11 delincuentes. Una banda redujo a la guardia de la seccional de Glew; anoche recapturaron a dos de los fugados. En un nuevo episodio que pone de manifiesto la osadía creciente de las bandas delictivas que asuelan el conurbano, una comisaría fue tomada en la madrugada de ayer por un grupo comando que logró liberar a 11 peligrosos delincuentes ante la impotencia de los cuatro efectivos de la policía bonaerense que custodiaban el lugar. Esta madrugada se había logrado recapturar a dos de los fugados. El objetivo era claro: liberar a Gastón Ferrari y a Sebastián Pérez de la comisaría 7a. de la localidad bonaerense de Glew, en el partido de Almirante Brown, donde estaban detenidos desde hacía unas semanas, acusados de robo agravado. Para llevarlo a cabo, alrededor de las 3 al menos ocho delincuentes armados, distribuidos en dos autos, copó la comisaría y, tras reducir a tres policías desarmados que se encontraban de guardia, liberaron a 11 de los 29 detenidos que estaban allí, entre los que se encontraban sus dos cómplices. Después de tirotearse con el subcomisario de la seccional, que se había escabullido por un portón lateral, lograron huir. "Fue muy sorpresivo: ocho o nueve delincuentes ingresaron a la carrera a la dependencia efectuando un disparo de arma de fuego en la guardia, que, por suerte, no hirió a nadie y, en cuestión de segundos, se dirigieron a los calabozos, invocando los nombres de dos detenidos, como para ubicarlos", relató el jefe de la policía bonaerense, comisario general Juan Carlos Paggi, frente a la dependencia policial. "Fue un hecho altamente temerario -dijo-. Hubo un enfrentamiento armado que no arrojó víctimas entre los policías. Evidentemente, han venido a buscar a dos de ellos, que estaban por robo calificado, y los demás escaparon". El jefe policial, que afirmó que los delincuentes "superaron en número" al personal de la comisaría, descartó que se tratara de una interna en la fuerza para desestabilizarlo y sostuvo: "Tiene que ver con aquellos que delinquen y son detenidos". Sobre la banda, Paggi dijo que se procura establecer las identidades de sus integrantes y que la policía secuestró los dos autos en los que se movilizaron, uno de ellos a 20 cuadras de la dependencia, con varios impactos en la carrocería y manchas hemolíticas en el interior. Según indicaron fuentes policiales, alrededor de las 3 de ayer, el grupo de delincuentes armados arribó en dos autos, un Volkswagen Bora y un Peugeot 206, a la comisaría 7a. de Almirante Brown, situada en Alem 458, a unas pocas cuadras de la estación de trenes de Glew, una zona tranquila, rodeada de casas bajas. En ese momento, sólo había cuatro policías, y una ambulancia se retiraba del lugar luego de que una médica atendiera a un preso que usualmente requiere asistencia, que no escapó. "En el interior de la comisaría, sorprendieron a tres policías que se encontraban de guardia; los amenazaron con armas y los redujeron. Más atrás estaba el subcomisario, que logró salir por una puerta lateral, y quien se tiroteó con los delincuentes mientras huían", explicaron. Según el relato, fueron utilizados alicates industriales para cortar los alambres de las celdas, mediante lo cual pudieron liberar a todos los detenidos que se hallaban en uno de los dos pabellones de la seccional. En el otro, quedaron encerrados los 18 restantes.
Robos a casas: Ferrari y Pérez, el objetivo de la banda, se encontraban arrestados en la comisaría 7a. desde el 11 de diciembre pasado, cuando fueron detenidos en horas de la mañana con tres armas 9 mm , 200 pesos en efectivo y cinco celulares de distintas marcas en su poder, en la localidad de San José, en Almirante Brown, luego de una denuncia al 911 sobre un robo a una vivienda de la zona. Según las fuentes policiales, Ferrari y Pérez integraban una banda que se dedicaba a la modalidad de robo de casas. Los dos vehículos utilizados fueron hallados abandonados, más tarde, en la zona. El Volkswagen Bora registraba 8 impactos de bala en la carrocería, producto del tiroteo con el subcomisario. Dentro del auto, se secuestró una escopeta 12/70, cargadores de pistolas 9 mm y manchas de sangre, que hicieron presumir a los investigadores que al menos uno de los delincuentes había resultado herido. Hasta el momento, las fuentes policiales confirmaron que de los once fugitivos, sólo fue recapturado Diego Cuenca Martínez, de 29 años. Más allá de Ferrari y Pérez, los ocho restantes que se fugaron son Leonardo Mariano Díaz, de 21; Ariel Mario Domínguez, de 26; Mariano Luciano Pereyra, de 23; Julio Sosa, de 31; Andrés Cristina Blanco, de 30; Ariel Maidana, de 27; Javier Alan Blázquez, de 32, y Hugo Eustaquio Fernández, de 46. Según trascendió, los delincuentes no robaron armas de los policías ni de la comisaría, en tanto el armamento estaba a resguardo porque instantes antes los efectivos de guardia habían entrado desarmados a los calabozos con la médica. Las fuentes indicaron que continuaban los rastrillajes por la zona, pero aún sin más resultados. En el país, sin embargo, los copamientos de comisarías no son algo nuevo. Un ejemplo de ello es que, en mayo del 2007, un grupo comando copó la comisaría de Escobar y rescató a Claudio Alberto Lugo Villarroel, alias "Pulga" o "Tuerto", que fue recapturado sólo al año y medio, durante un partido de fútbol en el estadio de San Lorenzo. En mayo de 2001, tres policías bonaerenses fueron heridos durante un enfrentamiento a tiros con un grupo comando que ingresó en la comisaría de Villa Zapiola, en el partido de Moreno, con el fin de liberar a un cómplice detenido en esa seccional. En esa época, se dieron otros antecedentes en el interior del país, especialmente en el sur de Santa Fe. También en 2001, en la localidad de Piamonte, cerca de la capital de esa provincia, un grupo comando copó una comisaría, donde redujeron a los efectivos y, tras robarles las armas, se dirigieron a un banco cercano, de cuyo tesoro se llevaron 192.000 pesos. En 2002, una banda compuesta por nueve delincuentes copó la comisaría de Progreso, una pequeña localidad agroindustrial ubicada a 80 kilómetros de la capital santafecina, donde se dio un procedimiento similar al anterior: tras reducir a los efectivos, se trasladaron a una sucursal del Banco Nación y robaron 105.000 pesos.
Fragilidad y desprestigio: El arribo de la Gendarmería al conurbano para intentar paliar los altos niveles de inseguridad ya revelaba las flaquezas de la policía bonaerense para cumplir por sí sola con la prevención del delito. El copamiento de una comisaría para liberar a dos presos es un golpe que desnuda su fragilidad estructural y suma desprestigio y desconfianza en la capacidad operativa de la fuerza. El asalto comando a la seccional de Glew representa un nuevo problema para el gobernador Daniel Scioli, justo en el día en que, con medias palabras, la ministra de Seguridad nacional, Nilda Garré, confirmó que el preciso ataque armado sufrido el martes pasado por cuatro gendarmes que custodiaban un predio de Lanús pudo haber sido una respuesta de sectores descontentos con el despliegue de las fuerzas federales en el Gran Buenos Aires. En esa hipótesis, el Gobierno sospecha de la policía bonaerense. Esa es una primera lectura, pero la propia característica del hecho habilita otras teorías que tampoco dejan bien parada a la mayor fuerza de seguridad del país. Si había en la comisaría de Glew uno o más detenidos que llevaron a una decena de hombres a ejecutar un asalto comando y entrar en el fragor de las armas, sorprende que fuera tan exigua la guardia, donde además de las tareas policiales habituales había 29 detenidos que custodiar. El jefe de la policía ponderó que, aun superados ampliamente en número, los uniformados se enfrentaron con los delincuentes y evitaron que les robaran el arsenal de la seccional. Eso, quizás, exime de sospecha a los oficiales y suboficiales involucrados, pero no alcanza a segar de dudas el hecho. La explicación del comisario general Juan Carlos Paggi parece dar por hecho que se trató exclusivamente de un acto de audacia. A juzgar por la respuesta que efectivamente encontraron y porque lograron lo que fueron a buscar, más parece que los delincuentes fueron por una apuesta segura. Más audacia, quizás, haya requerido el asalto comando al blindado del BAPRO en la Panamericana. Además de impulsar la investigación para dar con los asaltantes y los prófugos, la Justicia deberá encontrar explicación a la presencia de dos delincuentes de tal peso que justificaran un ataque como el perpetrado ayer en Glew. El hecho vuelve a poner en foco un problema que, a pesar de la intervención de la Corte Suprema de Justicia de la Nación , sigue padeciendo recidivas: el alojamiento de detenidos en comisarías en lugar de en establecimientos específicos de reclusión custodiados por guardias especializados. En todo caso, son decisiones que involucran a los mandos policiales pero que, además, atañen al poder político y al judicial en la provincia. El Poder Ejecutivo es el que debe realizar ajustes allí donde hay funcionamientos indeseados o ineficacia en la función policial. El Judicial es el que tiene a su disposición a las personas detenidas y debe garantizar tanto la correcta condición de alojamiento como que ese alojamiento se ajuste a la peligrosidad del recluso y sea apto para evitar que se fugue. Igual, sea que se haya tratado de un golpe audaz como de un plan que contó con otras complicidades, el precio más alto por el copamiento de la comisaría de Glew, hoy, lo paga la policía provincial.
"Hay una hipótesis muy grave": La ministra de Seguridad, Nilda Garré, manifestó ayer que sigue con mucha preocupación el ataque a cuatro gendarmes, ocurrido el martes pasado en Lanús. Durante la conferencia de prensa realizada ayer, la funcionaria afirmó que "hay una hipótesis muy grave" en la investigación del hecho. Tal como se informó en la edición del domingo último, en el Ministerio de Seguridad se sospecha de la participación sectores de la policía bonaerense en esa agresión. Garré destacó que el hecho se produjo un día después del lanzamiento del Operativo Centinela, con 6000 gendarmes en el conurbano. Desde ayer, los gendarmes se instalaron en San Martín, como primer paso. El diputado nacional Francisco de Narváez reclamó al gobernador Daniel Scioli que fijara una posición en este tema: "Es algo gravísimo. El gobernador tiene la obligación de darle a esto la entidad que merece y dar una desmentida contundente en voz propia ofreciendo los datos que tiene para negarlo o encargar una investigación sumarísima".
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Sombras de violencia y corrupción K
LN viernes 28 de enero de 2011.
Roberto Roger Rodríguez era un actor de reparto en la trama de negocios turbios que involucra cada vez con más fuerza a gran parte del sindicalismo peronista. Administraba millones de pesos provenientes del Estado, conducía desde hacía años una obra social que operaba con la droguería acusada de la gran estafa de los medicamentos adulterados y la Justicia vigilaba sus pasos desde hacía meses. No hay indicios por ahora que liguen su asesinato con la mafia de los remedios. Pero el crimen, preparado y ejecutado con frialdad profesional, dejó en estado de shock a los grandes jefes gremiales del país en el despertar del año electoral: los preocupa el impacto político de un caso policial que los vuelve a ligar con un destino de violencia, impunidad y corrupción. Ese hilo invisible une la ejecución a sangre fría de Rodríguez con el crimen de Mariano Ferreyra a manos de una patota de la Unión Ferroviaria , con las muertes en grescas del gremio de la construcción o con otros asesinatos conmocionantes, como el del tesorero de Camioneros, Abel Beroiz, tres años atrás. Todos ocurrieron en una etapa en la que el sindicalismo ortodoxo ganó en poder, ambición política y recursos económicos, hasta el punto de convertirse en uno de los pilares principales del movimiento kirchnerista. Rodríguez era un gremialista opositor, de un sindicato aliado al ahora duhaldista Luis Barrionuevo. Pero la polvareda que levanta su muerte incomoda también al líder de la CGT , Hugo Moyano: nada lo desespera más que el avance de la investigación por la estafa con los remedios. Un suceso tan conmocionante como el asesinato de un jefe gremial ligado al caso sólo puede traer nuevos problemas, razonaban en su entorno.
Incomodidades: El gobierno de Cristina Kirchner hizo culto al silencio. La Presidenta se enteró del drama en un día triste, en el que se preparaba para conmemorar los tres meses del fallecimiento de su esposo, Néstor Kirchner. A ella le molestan mucho más a que a él los escándalos de violencia y corrupción del mundo sindical. Critica en privado el gremialismo empresario, que quedó tan en evidencia a partir del crimen de Ferreyra -con los negocios de la Unión Ferroviaria- y que tiene al propio Moyano como ejemplo de manual. Duda, incluso, de la necesidad de darle un protagonismo central al líder camionero en la campaña presidencial que está a punto de arrancar. Practica, sin embargo, un delicado equilibrio: se muestra menos con estos "aliados incómodos", pero hasta el momento no ha tomado medidas determinantes para cambiar el viejo modelo sindical. Tampoco el ala progresista del Gobierno, en teoría cada vez más influyente, se preocupa demasiado por mirar detrás de esa puerta. En la Casa Rosada tiemblan también al pensar en un año de tensiones sindicales que complique el camino a la reelección presidencial, que hoy imaginan allanado. La pelea salarial amenaza con estallar a partir de marzo en reclamos de alta intensidad y seguramente arreciará la presión de Moyano y sus hombres por lugares en las listas electorales. Sucesos como el de ayer no hacen más que agitar las aguas. El hecho de que la víctima fuera un dirigente opositor y la falta de certezas sobre el móvil del crimen aconsejaron al Gobierno esperar antes de opinar. En fuentes del área de Seguridad se barajaban desde sospechas de un crimen pasional hasta un castigo por negocios personales de la víctima. En el duhaldismo ventilaron también esas hipótesis y sumaron la idea conspirativa de una venganza por razones políticas. Señales del desconcierto. Sólo quedó en claro que la banda actuó con absoluta frialdad, en un lugar público y con la marcada intención de dejar el sello indeleble de la mafia.
El Gobierno optó por la cautela y el silencio total: Nadie habló del tema, pero hay preocupación. El Gobierno mantuvo un cerrado silencio tras la muerte del tesorero del Sindicato de Obreros de Maestranza (SOM), Roberto Roger Rodríguez, asesinado anteanoche, y esperará el desarrollo de la investigación judicial antes de emitir una opinión. Ante las dudas y pocas certezas que, en principio, se conocieron sobre el caso, la Casa Rosada se movió ayer con cautela, aunque siguió de cerca los primeros datos que aparecieron del caso, pero evitó cualquier tipo de posición pública. De todas maneras, algunos funcionarios se comunicaron con el secretario general de la CGT , Hugo Moyano, y sus más cercanos colaboradores para conocer las derivaciones que pudiera tener el caso y cuál era la relación del líder sindical con Rodríguez. Con la presidenta Cristina Kirchner en Río Gallegos, adonde viajó anteanoche, eran pocos los que en Balcarce 50 querían hablar del tema. Se intentó comunicarse con los voceros de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, pero no obtuvo respuesta. Tampoco habló el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Ayer, al cumplirse tres meses de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, tampoco nadie quiso molestar a la jefa del Estado con el caso del gremialista asesinado. Por el momento, el Gobierno está atento a la causa y mira con especial atención la relación que tenía Rodríguez con Luis Barrionuevo, titular de la anti-moyanista central obrera Azul y Blanca. Nadie quiso arriesgar ninguna hipótesis sobre el crimen. De todas maneras, cerca de la Presidenta se mostraban preocupados por la irrupción en el escenario público de la ex ministra de Salud Graciela Ocaña, que ayer mismo vinculó el caso con la causa que investiga la mafia de los medicamentos. Las palabras de la ex funcionaria, que se fue del Gobierno en medio de durísimas críticas a la relación que mantenían los Kirchner con Moyano y el sindicalismo en general, todavía molestan en los despachos de Balcarce 50. Incluso, inquieta a Cristina Kirchner la posibilidad de que Ocaña se sume a alguna lista de candidatos para las elecciones de este año. Según refieren cerca de la jefa del Estado, sabe que su ex ministra instalará el debate por la mafia de los medicamentos en la campaña. Ayer, en la Casa Rosada se mostraron atentos y siguieron muy de cerca el tema sobre el asesinato de Rodríguez. Se escuchó la palabra "cautela" como una orden generalizada ante la ausencia de Cristina Kirchner, que pasará el fin de semana en el Sur. Ayer, la jefa del Estado estuvo en el cementerio de Río Gallegos junto con su hijo Máximo para dejar flores en la tumba de su marido, y hoy estará en El Calafate, en un acto público. Permanecerá en su casona de la villa turística hasta el domingo.
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