Artículo Nº 25 ---EL CRISTIANO ANTE LA MUERTE , VI .
Envío de Jorge Ortiz.
La única muerte que debe ser temida "el pecado".
Nuestra fe en la resurrección de la muerte, una fe que no es ni discrecional ni discutible, es el verdadero corazón de nuestra religión cristiana. Nuestra fe es una fe en la Resurrección (1 Cor. 15, 12-19). La Resurrección es nuestra llave para la comprensión del misterio de la muerte. La muerte no será ya el conquistador sino el conquistado, no el vencedor sino el vencido. “La muerte ha sido absorbida por la victoria” (1Cor. 15, 55). Nosotros no pertenecemos ya a la muerte; ahora la muerte es nuestra:
“Ya el mundo, ya la vida, ya la muerte… todo es vuestro” (1 Cor. 3, 22)
En adelante el cristiano tiene por Señor a Aquel que dice:
“Yo soy el primero y el último, el viviente, que fui muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno” (Apoc. 1, 18)
Cristo tenía que morir antes de que pudiera resucitar victorioso sobre la muerte. “¿No era preciso que el Mesías padeciese esto y entrase en su gloria?” (S. Lc. 24, 26). Muriendo fue como cambió la verdadera esencia de la muerte. La muerte era un final, ahora es un comienzo; era la destrucción de la vida, ahora es su condición necesaria; era la separación de Dios, ahora es el camino para la unión con Él. Porque el cristiano para vivir debe primero morir; porque para tomar parte en la Resurrección debe primero participar en la Muerte de Cristo.
“¿O ignoráis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús fuimos para participar en su muerte? Con Él hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte, para que como Él resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque, si hemos sido injertados en Él por la semejanza de su muerte, también lo seremos por la de su resurrección” (Rom. 6, 3-5)
Si el bautismo sumerge el cristiano en la muerte de Cristo, esta muerte debe por tanto hacerse afectiva a lo largo de toda la vida cristiana. La vida íntegra del cristiano aparece ahora como un misterio de muerte y resurrección, de mortificación y de vida nueva.
“Por cuyo amor (el de Cristo) todo lo he sacrificado… para conocerle a Él y el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, conformándome a Él en la muerte por si logro alcanzar la resurrección de los muertos” (Filp. 3, 8-11)
La muerte para el cristiano lejos de ser el sombrío terror que era antes del Domingo de Pascua, es ahora el único camino de conseguir la resurrección. Aunque resucitado con Cristo, el cristiano espera la manifestación de la plenitud de esta misterio en sí mismo. Y es porque, sin sombra de egoísmo, el cristiano puede decir: "deseo partir y estar con Cristo".
Colección "Teología para todos" de Stanley B. Marrow S. J.
Publicado por Don Pelayo en martes, febrero 01, 2011
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