Artículo Nº 02- ESOS DRAGONES ÍNTIMOS A VENCER.
Enviado por: Rodolfo Jorge Brieba.
Autor: Luis Fernández Cuervo .
No sé si cuando vea su película, There be dragons, me gustará o no, pero sí puedo decir que las declaraciones que su director Roland Joffé hizo a Zenit.org (1-enero.2011) sobre ella, me han sorprendido y conmovido profundamente.
No es frecuente que un director de películas haga unas reflexiones tan filosóficas y profundas sobre los aspectos más duros y decisivos de nuestras vidas, de cualquier vida. Leyéndolas, enseguida pensé que todas las salvadoreñas y salvadoreños deberían leerlas, meditarlas y aplicárselas, pues vivimos inmersos en un ambiente terrible, cíclico y diario, de rencores, odios, violencias y crímenes execrables de todo tipo.
Joffé, escritor y director de esa película, ya conocido por sus espléndidos films “La Misión ” y “Los gritos del silencio”, contesta que ese título extraño le vino al saber que en los mapas medievales, sobre las zonas inexploradas se colocaban estas palabras: “Hic sunt dragones" (aquí hay dragones). Por eso, al abordar una historia ambientada en la guerra civil española, afrontando cuestiones tan difíciles como la personalidad y santidad de San Josemaría Escrivá, la traición, el amor, el odio, la violencia, el perdón y la búsqueda del sentido de la vida, reconocía que se estaba metiendo en un terreno muy nuevo, inexplorado, donde no sabía con qué peligros y dificultades (dragones) se iba a encontrar.
“Me había golpeado” –dice Joffé- “la afirmación de Josemaría: a Dios se le encuentra en «la vida ordinaria», y esa vida ordinaria, en su caso, fue la guerra civil española. Me pregunté: ¿cómo es posible encontrar lo divino en la guerra? Pero la misma pregunta puede hacerse sobre todos los desafíos fundamentales de la vida, y sobre la manera en que los afrontamos: cómo respondemos al odio y al rechazo, o al deseo de venganza y justicia. Todos estos dilemas aumentan en tiempo de guerra. Estos dilemas son, en cierto sentido, los dragones de la película, momentos de inflexión en nuestras vidas en los que afrontamos opciones decisivas. Opciones que afectarán a nuestro futuro. Encontrarás dragones habla de las diferentes opciones que asume la gente en esos momentos de inflexión --tentaciones, si usted quiere-- y de lo difícil que es --y necesario-- huir de los ciclos de odio, resentimiento y violencia.”
Le preguntan a Roland Joffé si en una lucha fratricida hay espacio para la esperanza y él responde: “Sí, pero es sumamente difícil. Entre las personas hay demasiados hechos abominables, horrendos, que parecen imposibles de perdonar, de rescatar, imposibles de superar. ¡Pero el perdón es posible! Los ciclos de violencia pueden detenerse, como lo demostró el presidente Nelson Mandela en Sudáfrica. El perdón ha sido posible para muchos héroes en Ruanda, y ha sido ofrecido y aceptado por muchos valerosos palestinos e israelíes. Josemaría aseguró que las personas normales son capaces de ser santas, y creo que se refería a esta clase de perdón heroico. La inagotable posibilidad de perdonar deja espacio a la esperanza. Pero el precio es alto: exige un profundo sentido de lo que es plenamente humano, un profundo sentido de compasión, y una resolución firme, y sí, heroica, para no quedar atrapado por los odios imperantes, sino luchar contra ellos con un amor inquebrantable. (…) No le perdonamos a nuestra tía lo que ha hecho, no nos hablamos con nuestro padre porque dejó a nuestra madre, no nos hablamos con nuestra madre porque se fue con otro, o no nos hablamos con nuestro hijo porque escogió una profesión diferente de la que esperábamos. Estas son las guerras civiles de nuestra vida ordinaria. Encontrarás dragones habla de estos dos tipos de guerra civil.”
Por eso me conmueven esas palabras, llenas de sabiduría moral, tan necesarias para ser vividas en nuestro país: “todos tenemos que optar” -dice Joffé- “entre dejarnos vencer por nuestros resentimientos o encontrar la manera de conquistarlos. Puede verse la vida como una serie de injusticias, de rechazos y heridas, o como una serie de oportunidades, de ocasiones, para vencer a esos dragones a través del poderoso deseo de sustituir el odio por el amor y la unidad. Muchos albergan en su interior ese amor para tomar esta heroica opción. Se dan cuenta de que pueden tomar la opción de ser libres. Tienen la fuerza de carácter para comprender que el odio es una prisión. Nadie que odia puede ser libre”.
¡Qué contraste con esa terrible consigna de “Ni perdón ni olvido” de la que se ufanan tantos en nuestro país! Nadie que odia puede ser libre. Es necesario saberlo y vivirlo. Hay que vivir de amor y para dar amor. “Hay que luchar por él” –dice Joffé- “Es lo que, como seres humanos, debemos llevar a la mesa. Tenemos que encontrar este amor profundo en nosotros mismos, comprendiendo la belleza escondida de nuestra fragilidad y de la fragilidad de los demás”.
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